Párvulos: Hijos del Apocalipsis: una mexicana de zombien bastante fresca
Actualizado: 5 feb 2025
Películas de zombies, hay muchas, películas mexicanas de zombies, algunas; pero amigos, Párvulos, de Issac Ezban, marca un gran ejemplo para el cine nacional de cómo hacer cine de terror, bien y bonito.
No se dejen engañar, porque de bonito solo tiene la relación de nuestros 3 protagonistas, porque la historia que los rodea, aunque jacta de inocente, como lo refleja el título, es oscura, con toques de horror y locura bien orquestados, no para que saltes de tu asiento, si no para que te sumerjas en la tensión que se crea con la historia.
Nos presenta a tres hermanos, Salvador (Farid Escalante), Oliver (Leonardo Cervantes) y Benjamín (Mateo Ortega Casillas), quienes viven en una casa a mitad del bosque; en las primeras escenas se nos da a entender que habitan en un mundo donde alguna especie de infección mutó y convirtió a las personas en zombies.

Pero a diferencia de otras cintas con la misma temática, no vemos a miles de zombies correteando a los hermanos; vemos como sobreviven: cazando y sembrando su propia comida, cada uno con responsabilidades en la casa; rutinas en este apocalipsis, todo en pro de la supervivencia de los tres.
Todo transcurre con “normalidad”, hasta que se le presenta a la audiencia un secreto que guardan Chava, el hermano mayor, y Oliver, el de en medio; algo que le ocultan a Benja (el más pequeño) y que está escondido en el sótano de la casa. Sin meternos en terrenos de spoilers, cuando se sabe el secreto, se termina convirtiendo en algo que los tres hermanos deberán aprender a manejar de una u otra manera y todo esto, debido a la inocencia de Benja, que eventualmente contagia a sus dos hermanos, llevándolos a tomar decisiones de vida o muerte.
En el camino se encontrarán con otros personajes que han logrado sobrevivir al apocalipsis, pero que tal vez, no sean tan de confianza; es así como vemos a estos tres hermanos ser puestos a prueba, armados con su ingenio, valentía y fuerza de voluntad.
La cinta es un gran logro para el cine mexicano, ya que nos demuestra que el cine de terror se puede realizar más que bien en nuestro país, dándonos como resultado una historia íntima, pero a la vez con una gran fortaleza, ofreciendo unas actuaciones impresionantes de actores y actrices muy jóvenes estelarizando la película. Justo en este tópico, tenemos las actuaciones de Carla Adell y Enoc Hernández, quienes interpretan a sus personajes con gran dedicación, robándose la pantalla cuando es su turno frente a la cámara, ya sea con locura u horror.

Otro tema sorprendente que me gustó muchísimo, fueron los prostéticos, maquillaje y todo el tema de la sangre que se utilizó, pues no deja nada a deber: las escenas de la cinta que contienen sangre y viceras están bien hechas en todo sentido, fotografía, sonido y maquillaje, dando como resultado gran veracidad y terror para la historia.
No es por echarle flores y más flores a esta cinta, pero es que da gusto ver una producción así de cuidada y suma un montón, cuando se tiene la oportunidad de platicar con el director y parte del elenco, quienes nos contaron la dedicación, preparación y trabajo que hubo detrás de la película, lo que la hace más especial; dándole a la audiencia un producto final, digno de una filmoteca de terror.
Si les gustan los zombies, las historias que enaltezcan el valor de la familia o simplemente, el cine de terror, esta cinta es para ustedes, incluso tiene dos cortes: uno B15 y uno clasificación C, con un par de escenas algo fuertes; pero esto en palabras de Issac Ezban, fue una decisión para que más audiencia pudiera disfrutar de esta historia en el cine.
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