Dostoyevski: Los demonios y el idiota.
Por Alberto Lomnitz
Sempiterno Theatrum
La primera vez que leí a Dostoyevski fue con “Humillados y Ofendidos”, una novela de escribe después de su exilio en Siberia y que, por ende, está antes de “El idiota”, “Los demonios” y, claro, “Los Hermanos Karamazov”, su última gran obra. Al igual que estuvo antes de muchos de sus trabajos más famosos. Hay que mencionarlo porque a veces no hace falta leer todo Dostoyevski para entender qué le atormentó toda su vida y qué temas fueron recurrentes, cual síntoma de una enfermedad existencial: la época y su espíritu. Plagado de ingenuos muy genuinos, miserables muy perversos (o muy heridos) y amantes re dramáticos, Dostoyevski siempre se aventuró a profundizar en la humanidad, su futuro y psique.
Además, fue un personaje bien interesante: epiléptico en una era convulsa, ideológicamente hablando; un mísero, un infeliz insomne que la pasaba apurado y escribiendo, por dinero. Y, sin embargo, como una papa en la nieve, floreció en su ser una incansable labor: la de entender el comportamiento del hombre en sociedad. Incluso en el cotidiano estado desarreglado de su alma: extática por ratos, urgente en la necesidad de escribir, de personalidad viscosa (que muchos apuntan ahora a un efecto colateral de su neurodivergencia); más allá de su gran capacidad autodestructiva y religiosidad obsesiva, Dostoyevski dio vida a cientos de personajes súper sensibles que bien pudieron reflejar su realidad: una no menos enferma que la de cualquier contemporáneo.
Entre líneas y sobre ellas leemos rostros melancólicos y contextos sombríos, penosos, desconfiados; propensos todos a las enfermedades nerviosas, al humor y a la sátira. Miles de avergonzados y sinvergüenzas, algunos culpables, otros ávidos creyentes, inundaron la imaginación de este ruso. Hoy es posible acercarse a ellos en el teatro, Dostoyevski: Los demonios y El idiota da un esbozo, una cara luminosa y expuesta, de todos aquellos marginados compulsivos que le acompañaron en vida, como su misma persona.

El deseo y la realización de lo deseado en el interior; las reflexiones políticas; neurosis, muerte. Padres y madres, y sus issues; sexualidad; represión y autenticidad. En su mayoría, se encuentran en todos nosotros y nos acompañan desde muy cerca.
Viernes, Sábados y domingos en el foro Lucerna. Hasta el 10 de noviembre de 2024.

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